Izta - Popo. Diagnóstico de la problemática enfrentada en términos de la importancia ambiental social o económica
El Parque Nacional Iztaccíhuatl - Popocatépetl, es un área que presentaba una tendencia histórica de pérdida de sus bosques.
Las causas de la deforestación se atribuyen principalmente a la práctica de la tala clandestina y el pastoreo intensivo.
En el primero de los casos, diversas áreas del Parque Nacional fueron objeto de aprovechamientos forestales clandestinos,
impactando en el arbolado adulto del área. Asimismo, era común la colecta de ramas y madera muerta para ser usadas como
combustible.
En el caso de la ganadería extensiva, los impactos repercutieron de manera más directa en la transformación del paisaje.
Diversas zonas del Parque Nacional, en especial las localizadas entre las cotas de los 3,600 y los 4,000 msnm, se habían
constituido en áreas de pastoreo para un aproximado de 5,000 cabezas de ganado vacuno, cuyos propietarios provenían de la
comunidad de Santiago Xalixinta, Puebla; ubicada en las cercanías del Parque Nacional. La ganadería extensiva, practicada
durante décadas, causó impactos directos sobre suelo, provocando su compactación y pérdida de porosidad y, por consiguiente,
reduciendo su capacidad para filtrar el agua de lluvia.

Aunado a ello, la vegetación de bosque de pino fue sustituida por pastos inducidos para la alimentación del ganado.
Los incendios forestales causados por los ganaderos para este fin, constituían un impacto sumamente agresivo al causar la
mortandad de los escasos árboles y renuevos, así como la modificación en la composición del banco de semillas del suelo,
favoreciendo a las especies pirófilas. Los incendios también provocaron la disminución en el vigor del arbolado, siendo
susceptibles de ser atacados por plagas, entre las que destaca el gusano descortezador (
Dendroctonus sp.) y el
muérdago enano.
Con todo ello, las poblaciones de
Pinus hartwegii presentaron disminuciones considerables, estimándose una pérdida
de los bosques en el Parque Nacional del orden de 18,000 hectáreas en los últimos 20 años, cifra que representa el 50% de
la cubierta forestal del Área Natural Protegida.
La reducción de los bosques del Parque Nacional también significó la reducción de áreas de filtración de agua, para
alimentar los acuíferos de las cuencas del Anáhuac, Puebla y Cuernavaca. Evidencia de ello es la disminución y en algunos
casos pérdida, de las corrientes de agua que fluían del Parque Nacional hacia poblados cercanos como Amecameca y Ozumba.
Por otro lado, desde su creación, el Parque Nacional fue un sitio de esparcimiento para los visitantes ocasionales y área
de interés para los alpinistas que ascienden a las cumbres de los volcanes. Según registros oficiales, en el año de 1975,
la visitación llegó a ser superior al medio millón de visitantes, los cuales acudían principalmente al albergue alpino de
Tlamacas; sin embargo, no existía ninguna valoración del impacto de esta visitación ni una zonificación del uso público
que pudiera prevenirlo.
En el pasado fueron diversos los esfuerzos por reforestar el Parque Nacional; sin embargo, el empleo de especies exóticas,
la ausencia de esquemas de seguimiento y la falta de instrumentación de programas de mediano y largo plazo para su
restauración ecológica, así como la falta de control y el incremento en los factores humanos causales del deterioro
ambiental, impidieron el desarrollo de los árboles plantados.
En el año de 1994, el volcán Popocatépetl entró en una fase de actividad, lo que motivó el establecimiento de diversas
regulaciones que limitan el acceso de personas y la visitación al Parque. Por tales motivos, desde esa fecha y hasta el
año 2000, los recursos presupuestales del gobierno federal destinados a la operación del área sufrieron una merma
importante, lo cual repercutió en la disminución de la plantilla de vigilancia, así como en las capacidades, de por si
limitadas, para atender a los problemas causales del deterioro del Parque Nacional.
Otro problema identificado fue que los usuarios y la población del área de influencia, desconocían el significado y razón
de la presencia del Parque Nacional, así como sus valores biológicos, históricos y culturales, y los beneficios que
reciben a través de sus servicios ambientales.
Aunado a todo lo expuesto, el notable aumento de poblados y habitantes en su zona de influencia –y la presión que éstos
ejercen para cambiar el uso de los suelos forestales-, hicieron pensar a los expertos que, de continuar estas tendencias,
en 20 años podrían haberse generado daños irreversibles y escenarios catastróficos que tendrían impactos negativos en
toda la región.